Tipos de Fichas de poker

Toda persona alrededor del mundo ha visto al menos una vez una ficha de poker, ya sea en vivo y en directo o por algún medio de comunicación. Estas maravillas redondas son una parte central de cualquier juego de poker, y se suplantan, en juegos caseros, con alubias, monedas, piedras, etc. Los jugadores profesionales saben distinguir estas fichas y se encuentran cómodos jugando con varios tipos de fichas de poker. Aquí se analizan sus dos materiales principales: plástico y cerámica.


Fichas de plástico.

Para los jugadores que no deseen fichas bonitas y se concentren más en el juego que en lo que gana, entonces las fichas de plástico son una buena opción. Elaboradas íntegramente en moldes de plástico fundido o soplado, pueden encontrarse en cualquier tienda de regalos, en varios colores, motivos y formatos.


El problema con las fichas de plástico es que pueden ser demasiado livianas, difíciles de apilar y de contar. Además, las empresas que se dedican a realizar este tipo de fichas tienen estándares, por lo que el peligro de que alguno de los jugadores traiga sus propias fichas a la mesa se acrecienta.


Existe una tendencia que son las fichas de compuesto, que se realizan en China mayormente y poseen una mezcla de plástico con resina e inserciones de metal en su interior. Esto les otorga mayor peso y estabilidad, simulando el ruido metálico de las fichas de casinos profesionales. Además, al ser más pesadas suelen ser más fáciles de apilar. Son más caras que las de plástico comunes, pero también de mayor calidad.


Fichas de cerámica.

Las famosas fichas de poker de cerámica son propuestas por todos los casinos de envergadura, en los torneos internacionales y en mesas profesionales de poker. Estas fichas están hechas a medida por el casino, en materiales moldeados como tierra, arcilla, cal y arena, lo que las hace únicas para cada compañía de juegos de azar.


Estas suelen doblar en peso a las de plástico: mientras que las primeras son de 2 a 4 gramos, estas suelen tener entre 9 y 13 gramos cada una, lo que las hace más fáciles de contar, de apilar y, por supuesto, de cobrar.